15 JUNIO, 2016

¿Todavía No Lo Olvidas? Entonces No Lo Olvides!

He estado con una gripe de aquellas. Tos, Tapsin caliente, Tapsin frío, Tapsin en pastillas, Tapsin on the Rocks, mucho pero mucho té y tanto jengibre que me estoy convirtiendo en galleta. Y sobre todo, mi amada y hermosa cama.

En este estado, está claro que la tele y Netflix son los mejores aliados. Uno, porque desde que nací soy extremadamente tevita y también, porque la congestión no da para hacer muchas cosas más. La cosa es que, una tarde me encontré con la famosa película “Comer, Rezar y Amar”. Convengamos que si de búsqueda espiritual se trata, existen otros títulos bastante mejores, pero los paisajes, el resumen del libro y Julia Roberts realmente cumplen entreteniendo.

No se asusten, no tuve ninguna revelación, reapertura de Chakra o la necesidad de planear un viaje de sanación. Solo sucedió que entre tos y miel con limón, le puse atención por primera vez a un diálogo entre la protagonista y el amigo con el que meditaba en India. Creo que era algo así:

Es que todavía lo quiero.
Entonces quiérelo.
Pero lo extraño.
Entonces extráñalo. Cada vez que pienses en él, envíale mucha luz y mucho amor. Después, olvídalo y sigue con tu vida.”
Simple, bonito y al hueso.

La película siguió y creo no haber terminado de verla. De todos modos, durante varios días seguí pensando en eso y en la resistencia natural que ponemos a vivir con naturalidad las cosas.

Por ejemplo. La primera vez que vi esta escena, mi cabeza saltó de inmediato con un “Ya oye. Si es súper fácil la cuestioncita” (no con esas palabras, pero estamos en un lugar público). Y me dio por acordarme de todas las veces que, sufriendo por algún desamor, me ordenaba a mí misma cortar el sentimiento porque era indigno, él ya no me quería y en resumidas cuentas, no debía sentirlo.

Hoy miro a mi yo del pasado y, una vez más después de tanto camino recorrido, siento el más puro y amoroso deseo de cachetearla.

Y es que, pucha que resulta complejo dejar de pensar en algo a lo que nos estamos resistiendo como locos. Es como la máxima de la meditación que invita a que cualquier pensamiento que aparezca siga su curso, sin que pongamos resistencia alguna. ¿Por qué? Porque no le damos importancia.
Entonces, no es raro que ese amor que nos hace daño o que queremos olvidar, siga sonando como un bombo dentro de nuestra cabeza. Si estamos todo el día luchando contra él para evitarlo. Y esto se aplica a todo, a discusiones, enojos, el día a día y cada tipo de problemas. Hay una frase que me encanta que, para variar no tengo idea de quién la dijo. “Si algo tiene solución ¿para qué preocuparte? Y si algo no tiene solución ¿para qué preocuparte?”.

Abre el espacio a sentir
En este sentido, el camino más indicado sería sentir. Dejar que el corazón llore, patalee, siga amando y se desengañe. En síntesis: Que se sane. Que demore lo que tenga que demorar, mientras nosotros lo cobijamos amorosamente.

No nos pongamos patudas eso sí. Porque no va a faltar la que diga “Mi corazón quería llamarlo y tener un remember”, por ejemplo. Permitir a nuestro corazón que sienta libremente, no significa que hagamos cualquier cosa que él quiera hacer. Ahí es donde nuestro libre albedrío funciona con todo lo que tiene. Si algo no nos conviene, si alguien nos hace daño, si nos han puesto unos cuernos de alce cuarenta veces. Poco importa que el corazón quiera correr a sus brazos. Me refiero más bien a no poner trabas al sentimiento y vivirlo, simplemente vivirlo.

¿Qué a mí no me resulta porque soy “pegada?, No mijita, es la mente la que se “pega” con olvidar – a su pinta por supuesto – trayendo al presente todos los recuerdos, con música de fondo si es posible. ¿Qué no puedo sacarlo de mi cabeza? ¡Claro! Porque llevas dos meses, tres horas y cinco minutos “tratando”, lo que equivale a dos meses, tres horas y cinco minutos de tenerlo presente en tu día a día, sentado en tu mesa y acompañándote ida y vuelta a tu casa. ¡Así nadie puede!

¿Qué es difícil? Pero claro que sí. ¿Qué duele? ¡Más que la ch…! Pero que se puede, se puede. Que algo duela es la confirmación de que estamos vivos, creciendo y aprendiendo. Pero nadie está condenado a sufrir o padecer más allá de lo que uno mismo permite. Así que a sacudirnos la desesperanza, a desenfocar ese foco que nos hace/hizo/hará daño y llenemos nuestra mente de nuevas cosas para entretenerla, mientras el corazón descansa, se desagripa y vuelve a brillar. Siempre sana y siempre todo resulta mejor. Nos vemos la próxima semana. Más recuperada y menos virulenta.

Carolina Bustamante C

Columna Mujer y Punto

Terapeuta Complementaria y Periodista

www.cbustamanteterapias.com

Facebook: c.bustamante

Twitter: @krititob

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